jueves, 3 de enero de 2013

Sostenibilidad financiera y energía


Ya hemos comentado anteriormente cómo la energía, y especialmente las renovables, han pasado de ser la gran esperanza a promocionar, a la vaca a ordeñar, en perjuicio de los inversores y, en los casos en que es posible su repercusión, los consumidores.

Efectivamente, hubo un tiempo, que ahora parece lejano pero constituye el pasado inmediato, con la crisis presente pero todavía ignorada, en que las energías renovables se sugerían como uno de los objetivos principales en el desarrollo económico.

Así, como consecuencia de la nueva Directiva 2009/28/CE, de 23 de abril, sobre el fomento de las energías renovables, el agotamiento del Plan de Fomento de las Energías Renovables 2005-2010 y la Ley de Economía Sostenible (que se ha visto no alcanzó a sostener mucho), se pretendía dar un nuevo impulso a las renovables.

De este modo, la mencionada Directiva fijó los objetivos vinculantes nacionales y el establecimiento de planes de seguimiento, consolidó el principio de subsidiaridad de los Estados Miembros para que puedan elegir sus sistemas de apoyo, propuso la simplificación administrativa de las autorizaciones, incorporó criterios de acceso a la red eléctrica, promulgó un sistema de garantía de origen que aporta una mayor transparencia al consumidor de electricidad e incluyó varios mecanismos de cooperación entre países o de flexibilidad para facilitar el cumplimiento de los objetivos de cada país en el año 2010.

En esta línea, la Ley de Economía Sostenible estableció un objetivo nacional mínimo de participación de las energías renovables en el consumo de energía final bruto del 20 por ciento en 2020.

En EEUU, Obama planteaba salir de la crisis apoyando la ejecución de infraestructuras e impulsando las energías renovables.

Pero, enseguida llegaron los recortes, a través de disposiciones como el Real Decreto 1003/2010, de 5 de agosto, por el que se regula la liquidación de la prima equivalente a las instalaciones de producción de energía eléctrica de tecnología fotovoltaica en régimen especial, conforme al cual para tener derecho al cobro de la tarifa regulada o prima equivalente, es necesario que las instalaciones solares fotovoltaicas acrediten, incluso con carácter retroactivo, que a fecha 30 de septiembre de 2008 tenían todos los equipos y conexiones necesarios para despachar a la red la totalidad de la potencia instalada, con una interpretación y aplicación de la norma en vía administrativa muy discutible; el Real Decreto 1565/2010, de 19 de noviembre, por el que se regulan y modifican determinados aspectos relativos a la actividad de producción de energía eléctrica en régimen especial; el Real Decreto 1614/2010, de 7 de diciembre, por el que se regulan y modifican determinados aspectos relativos a la actividad de producción de energía eléctrica a partir de tecnologías solar termoeléctrica y eólica, incluyendo la limitación de las horas equivalentes de funcionamiento con derecho a prima equivalente o prima; y el Real Decreto-ley 1/2012, de 27 de enero, por el que se procede a la suspensión de los procedimientos de preasignación de retribución y a la supresión de los incentivos económicos para nuevas instalaciones de producción de energía eléctrica a partir de cogeneración, fuentes de energía renovables y residuos.

Ahora, la Ley 15/2012, de 27 de diciembre, de medidas fiscales para la sostenibilidad energética, a pesar de su altisonante nombre, no procura ninguna sostenibilidad de la energía, sino que procura financiación pública a costa de la energía: Impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica, Impuestos sobre la producción de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos resultantes de la generación de energía nucleoeléctrica y el almacenamiento de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos en instalaciones centralizadas, Impuesto sobre la producción de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos resultantes de la generación de energía nucleoeléctrica, Impuesto sobre el almacenamiento de combustible nuclear gastado y residuos radiactivos en instalaciones centralizadas, modificaciones al alza del Impuesto especial sobre Hidrocarburos y cambios en otras normas eléctricas y de aguas; todo ello en perjuicio de los inversores y, en los casos en que es posible su repercusión, los consumidores.

Por supuesto, debemos conseguir la sostenibilidad del Estado y por tanto de las finanzas públicas, pero ¿no vamos a acabar con la otrora gallina de los huevos de oro?

1 comentario:

  1. Más: Disposición Adicional Cuarta de la LPGE para 201: la compensación del extracoste de generación de energía eléctrica insular y extrapeninsular.
    Por su parte, la DA Quinta contempla, reducidas, las aportaciones para la financiación del Sector Eléctrico.

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